viernes, 28 de septiembre de 2007

ECUADOR: Raúl Vallejo (1959)


VALLEJO Raúl (Manta, Ecuador, 1959). Licenciado en Letras por

la Universidad Católica de Guayaquil, obtuvo su Maestría en Artes en la Universidad de Maryland, College Park, con una beca Fulbright-Laspau. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de cuento: Máscaras para un concierto (1986); Solo de palabras (1988); Fiesta de solitarios (1992); y Huellas de amor eterno (2000). En 1999, publicó su novela Acoso textual. En el año 2003, aparecieron el poemario Cánticos para Oriana y la novela El alma en los labios. En 1988, publicó su ensayo periodístico EMELEC: cuando la luz es muerte. En 1995, Una utopía para el siglo XXI. En 1996, Crónica mestiza del nuevo Pachakútik. Ecuador: del levantamiento indígena de 1990 al Ministerio Étnico de 1996. En el 2003, su Manual de escritura académica. Desde 1992, dirige Kipus: revista andina de letras.

1. ¿Cuáles son los tres títulos de la literatura universal a los que se acerca constantemente a releerlos?

Me gusta releer al azar de tanto en tanto algún capítulo de El Quijote, sobre todo de la segunda parte, y en cada ocasión el caballero de la triste figura se me reafirma como el símbolo del anhelo humano de vencer el cinismo de la realidad; otro libro es Cien años de soledad, con él descubro una escritura tan sentimental como los boleros, tan profunda como la filosofía, tan sostenida en la construcción de la frase como si la palabra emanara voluptuosidad; y con Madame Bovary asisto sin dejar de asombrarme a la exactitud matemática de la construcción del personaje y al drama de la gente común convertido en testimonio de la condición humana.

2. ¿Qué haría por obtener un ejemplar de la primera edición de algún libro famoso de la literatura y Cuál sería ese título?

No haría nada. Ningún libro, por famoso que sea, merece ser víctima del fanatismo religioso de los coleccionistas. Detesto la caza de reliquias de cualquier tipo.

3. ¿En qué libro ha encontrado su definición de “Vida”?

Como todo en la existencia, el concepto de “vida” que uno asume también varía. Cuando tenía 23 años, me identificaba con una frase de Truman Capote en el capítulo “Una hermosa criatura” de su libro Música para camaleones que dice: “¿Por qué la vida tiene que ser tan jodidamente podrida?”. No es que haya abandonado esa visión pesimista de la vida, pero ahora siento que la existencia es breve y por ello la vitalidad del instante se vuelve indispensable: en uno de sus famosos robaiyyat, Omar Jayyam escribe: “La esencia de esta vida y el ser del mundo son / un sueño, una quimera, un engaño, un instante” y en otro, concluye: “si todo en este mundo dejará de existir, / tú, supón que no existes; y ya que existes, goza.”

4. ¿Qué historia de amor de la literatura le hubiera gustado vivir?

En general las historias de amor de la literatura son tan dolorosas que las personas seríamos incapaces de vivirlas con todas sus consecuencias. Sin embargo, la relación amorosa de Pablo y Lulú, en Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, es una historia que me hubiera gustado vivir por la manera cómo la experiencia de la sexualidad llevada al límite, devela el poder del amor vivido en la plenitud de la libertad.

5. ¿Qué obra de la literatura le gustaría ver en el cine?

Rayuela, de Julio Cortázar, por el desafío que implica su traslación de sentidos y de su propuesta de lectura al lenguaje cinematográfico.

6. ¿Con qué autor de la literatura le hubiera gustado conversar y compartir en una velada bohemia?

Con Henry Miller, por su espíritu vitalista; con Henrich Böll, por su compromiso ético; con Julio Cortázar, por su inteligencia serena.

7. ¿A qué autor de la literatura universal considera injustamente olvidado?

En la historia literaria existen propuestas estéticas dominantes en cada periodo y por ello algunos autores pasan a segundo plano; después de cierto tiempo, esos mismos autores son retomados por una nueva generación de escritores y vuelven a convertirse en iconos del chismorreo del mundo literario. Considerando este marco fatal, siento que Dostoievski es un autor que no se está leyendo con la intensidad con la que merece ser leído por todas las generaciones, sin que importe cuál sea su propuesta estética.

8. ¿A qué autor de la literatura universal considera sobre valorado por la crítica y el tiempo?

No me atrevo a descalificar a nadie que haya sobrevivido al paso implacable del tiempo y de la crítica, pues mi descalificación únicamente sería expresión de la insolente soberbia del gusto.

9. ¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado que exista, efectivamente?

Ignatius Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

10. ¿En qué personaje de la literatura se ha visto reflejado en virtudes y defectos?

En Hans Schnier, el narrador protagonista de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll.

11. ¿Cuáles son las cinco palabras que utiliza con obsesión en su literatura?

Soledad, espíritu, profundo, efímero, vida.

12. ¿Con qué está comprometida su literatura?

Creo que mi literatura está comprometida con el arte y la ética de un tiempo en que el arte lucha por no convertirse en mercancía y la ética por sobrevivir al cinismo de quienes asesinan utopías desde la pragmática del mercado. Soy, si vale la tautología, un escritor que escribe porque no puede dejar de hacerlo. Mi relación con la escritura de literatura, en ese sentido, es vital: todo lo que soy y todas las cosas que hago además de la escritura son partes adjetivas de mí; la escritura, en cambio, es el sustantivo que me define. Por eso, escribo por una necesidad vital de contar historias que digan algo que estremezca el espíritu de la gente.

13. ¿Cómo sería su vida sin la literatura?

Toda vez que concibo a la escritura como un espacio utópico –a lo mejor el último de los espacios utópico que no se ha roto– en el que habita plenamente la libertad, mi vida sin literatura sería la renuncia dolorosa a la escritura definida como una tarea placentera en la que el trabajo con la palabra representa en sí mismo un desafío. Este placer, sin embargo, tiene que ver con la convicción de que el buceo incesante sobre lo que llamamos la condición humana es un proceso en el que emerge el dolor, el ansia, la explosión de un instante feliz, la tormentosa relación con el lenguaje, en síntesis, se trata de un proceso de consunción de quien escribe.

Mi vida sin la literatura sería la vida de otro que no soy yo.