sábado, 6 de octubre de 2007

CUBA: Armando Cristóbal (1938)


CRISTÓBAL Armando (La Habana, Cuba, 1938). Narrador y ensayista. Inicia su obra literaria en 1961. En los años 70 formó parte del grupo que dio inicio a la moderna literatura negra en Cuba. Su cuentos, novelas y ensayos han recibido premios y menciones. Ha sido traducido a diversos idiomas. Entre sus libros publicados: “La ronda de los rubíes” (novela, 1973), “Explosión en Tallapiedra” (novela, 1979), “Fábulas del monte” (cuentos, 1980), “...Aunque no la guerra” (Cuentos, 1983), “La batalla”, (novela, 1988), “Un tema cubano en tres novelas de Carpentier” (ensayos, 1993), “La máquina” (novela, 1998), “Literatura y sociedad en Cuba” (ensayos, 2003). En 2004 aparecerán “Las puertas del infierno” (cuentos) y “Un traspatio en el jardín” (cuentos). Miembro de la SCIF y de la UNEAC, de la que fue su Secretario Ejecutivo. Actualmente es Consejero de la Embajada cubana en España. Ha recibido, entre otras, la Distinción por la Cultura Nacional.

1.- ¿Cuáles son los tres títulos de la literatura universal a los que se acerca constantemente a releerlos?

Sin dudas, serían más de tres. Y habrían variado con el tiempo. Y no serían sólo de narrativa. En una época fue El Quijote de Cervantes y todo el siglo de oro español. En otro momento, títulos entrañables latinoamericanos, en especial de García Márquez y Juan Rulfo. No han dejado de estar presentes autores estadounidenses como Hemingway y Faulkner. Balzac y Flaubert fueron de cabecera por años. Pero en estos últimos tiempos, si me atengo estrictamente a la pregunta, tendría que reconocer que esos tres títulos son: El Fausto de Goethe, Crimen y castigo de Dostoievski y El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. El primero, por su enorme significación en cuanto a valores humanísticos esenciales aportados por Europa al acerbo común. El segundo, por su inagotable fuente de conocimientos sicológicos y su tratamiento literario. El tercero, por la magistral e inigualable lección que brinda en la literatura histórica.

2.- ¿Qué haría por obtener un ejemplar de la primera edición de algún libro famoso de la literatura y cuál sería ese título?

No soy coleccionista de primeras ediciones y, por otra parte, ello requeriría cuantiosos recursos que no poseo. De donde nunca había pensado en este supuesto. Y. Sin embargo...no hay duda de que me resultaría muy gratificante poseer un ejemplar de la primera edición del Vuelo nocturno, de Saint Exupéry. De todas maneras, nunca haría un esfuerzo trascendente por obtenerlo. Preferiría que los métodos de reprografía avanzaran mucho más, para que sus copias llegaran a todos, y guardar celosamente -como una joya- el original.

3.- ¿En qué libro ha encontrado su definición de “Vida”?

No he leído un libro que por sí solo me haya ofrecido una definición que se corresponda con el sentido de “vida” que yo poseo. Aunque no puedo negar que muchos y diversos libros han contribuido a conformarla en mí. Es más, sin ellos no hubiera podido elaborarla. No podría limitar tales libros a las bellas letras. Y aunque resulte convencional, no podría dejar de mencionar el Nuevo Testamento, como resultaría imposible para mí no incluir El Capital, de Carlos Marx. Porque en esos dos libros tan distintos, como en otros muchos (por ejemplo, en la obra de José Martí), subyace el esfuerzo humano por explicarse la vida y darle un sentido. Debo reconocer también la presencia de otras artes (música, pintura, cine), las ciencias, no sólo el pensamiento social, y por sobre todo la entrañable relación con la naturaleza y con las gentes mismas.

4.- ¿Qué historia de amor de la literatura le hubiera gustado vivir?

La que sirve de sustento a la novela De entre los muertos de Boileau y Narcejac, y en la que se basa esa extraordinaria película de Hitchcock titulada “Vértigo”. Quizá porque ella da una dimensión tan profunda al sentimiento amoroso (aunque esto pueda sonar a romanticismo trasnochado) que lo vincula al nunca jamás de la muerte. No en balde ese afán en traspasar las fronteras del ignoto supuesto, se encuentra en la tradición oral, en las leyendas y en las literaturas de todos los pueblos del orbe, y bastaría recordar el antecedente de Orfeo y su amada Eurídice. La conjunción del amor y la muerte de los amantes otorga un hálito especial a obras tan conocidas como Romeo y Julieta o Tristán e Isolda. La novela francesa ofrece otros registros del sentimiento amoroso que resultan particularmente hermosos, pero desde luego –en ningún caso- me gustaría vivirla hasta su morboso final.

5.- ¿Qué obra de la literatura le gustaría ver en el cine?

En realidad me gustaría una presencia mayor de la literatura en el cine actual, y no precisamente en versiones tan rigurosas a la letra que impida el enriquecimiento que siempre ofrece la imagen al pensamiento y su expresión literal, cuando existe una adecuada traslación de las formas expresivas de un medio a otro. Hace tiempo me pregunto, cuánto no podría crecer en el cine una novela como el Ensayo de la ceguera de Saramago. Pero la que realmente me gustaría ver en ese proceso sería El acoso de Carpentier. En realidad no es una idea original mía y ya , tras su muy controvertida aparición en la década de los 50, la cinematografía hollywoodiense acarició el proyecto con Tyrone Power, que nunca se llevó a efecto. En una investigación inédita y un ensayo publicado, he comprobado y expuesto la extraordinaria conjunción de historia, teatro, música y literatura en esa novela, casi policíaca.

6.- ¿Con qué autor de la literatura le hubiera gustado conversar y compartir en una velada bohemia?

Pues usando criterios muy restringidos a los términos de la pregunta, me hubiera fascinado y conversar con Don Ramón de Valle Inclán, el creador de los esperpentos y un bohemio él mismo. Resultaría fácil si yo pudiera sustituir precisamente en sus Noches de Bohemia a Don Latino, para acompañar al alter ego “valleinclaniano” Max Estrella, por su Madrid finisecular y pulsar el ambiente y los personajes con que se encuentra, ficticios o reales, como el nicvaragüense Rubén Darío, y seguir su vía crucis hasta el final para, tal vez, calificar ese mundo como lo hace Don Ramón por boca de Don Latino.

7.- ¿A que autor de la literatura universal considera injustamente olvidado?

Son muchos. Tantos, que el espacio no alcanza. Identificaré en uno solo a todos: ¿quién recuerda a Jacques Roumain y sus Gobernadores del rocío? ¿Dónde estás las merecidas, populares y recientes ediciones de su obra, precedidas de adecuadas reseñas críticas que subrayen sus valores y mencionen sus límites, dentro del relieve que llegó a alcanzar?

8.- ¿A qué autor de la literatura universal considera sobrevalorado por la crítica y el tiempo?

Entre otros, sin duda, a Milan Kundera. Sin negar la fluidez de su escritura, creo que la supuesta profundidad de su obra no es más que un retaceo de autores mayores aderezando cierta óptica política contemporánea.

9.- ¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado que exista, efectivamente?

En realidad no me sería agradable encontrarme con Enma Bovary, más gruesa y con minifalda en un tren suburbano, ni con Lord Jim dedicado a faenar un yate de recreo para turistas, ni a Doña Bárbara como gerente de un picadero y restaurante campestre, ni al viejo pescador Santiago aún pendiente de la suerte que le deparen los tiburones, ni al Capitán Alatriste actuando como extra en un film de aventuras, ni a Mackandal con una consulta esotérica privada... En fin, creo que los personajes, como creación de sus autores tienen vida propia en el contexto estético que les ofrece la literatura, pero por su propio carácter –por más realistas que hayan sido concebidos- sólo pueden vivir en esa otra dimensión de la realidad que es la literatura.

10- ¿En qué personaje de la literatura se ha visto reflejado en virtudes y defectos?

En todos los personajes que he asumido como lector he encontrado en mayor o menor medida los muchos defectos que poseo y las pocas virtudes que pudiera tener. Pero, mucho más interesante ha sido descubrir algunos defectos que no padezco, porque significa que no todo está perdido. Y es una verdadera satisfacción descubrir numerosísimas virtudes que –lamentablemente- todavía mi conducta no me permite mostrar. Se pone en evidencia cuán diverso es el humano acontecer, tanto, que resultaría imposible registrar todos y cada uno de los defectos y virtudes que ostentan los personajes de la literatura en cada uno de nosotros y que son, no hay que olvidarlo, recreación fantasiosa, de los que han caracterizado o caracterizan a sus modestos lectores. En fin, reconocería el defecto de no escuchar suficientemente a los demás, porque es uno de los que más aparece en todos los personajes.

11- ¿Cuáles son las cinco palabras que utiliza con obsesión en su literatura?

En orden no muy preciso: significación, ominoso, resplandeciente, placentero y sorprendente. Visto ahora juntas y fuera de contexto y limitadas a las cinco que solicita el cuestionario, me llama la atención que cuatro de ellas sean adjetivos. Que de esas cuatro sólo una resulta amenazante, mientras que las otras tres son de indudable prosapia epicúrea, aunque en diversos grados. La quinta palabra resulta indagatoria, sustantivada con carácter cognoscitivo, lo que no está nada mal si, más que una palabra reiterativa, resultara una actitud general. Pero eso no tiene que ver con la pregunta...afortunadamente.

12-¿Con qué está comprometida su literatura?

Es conocida la complejidad de las relaciones entre literatura y sociedad. El compromiso social de un escritor involucra su literatura, por lógica coherencia humana; pero, no necesariamente en temas ni en formas expresivas. Un poema de amor, la descripción de un paisaje, una reflexión sobre problemas concretos de la vida, no tienen porque mostrar un compromiso de esa naturaleza. No hay temas prohibidos para la literatura, tampoco los hay exclusivos. Es el escritor quien debe decidir si hace expreso su compromiso –si lo tiene conscientemente- y cómo hacerlo. Para los cubanos, José Martí es un ejemplo egregio en este sentido. De esa manera mi literatura está comprometida con la humanidad y con su mejoramiento en todos los sentidos; o lo que es igual, referido a mi Patria, con la revolución y el socialismo, que es el cauce para alcanzar ese propósito. El resto, es un problema de profesionalidad.

13- ¿Cómo sería su vida sin la literatura?

No sería.